Empeño harto difícil por no decir imposible es el tratar de trascender mi mundo interior, mi sentido del baile fuera de mí misma y expresarlo por medio de la palabra.

   Su llamada hacia mí se debió producir en el mismo momento de mi nacimiento o a lo mejor, a medida que la luz del entendimiento se iba asentando en mi persona; no lo sé, sí recuerdo que en un principio era cualquier música la que hacía estremecer todo mi cuerpo, pero poco a poco sin saber como ni de qué manera, el flamenco fue ocupando todo mi espacio físico, todo mi espacio vital.

 

 

 

 

 

   Así, sin más empecé a bailar, primero de una forma un tanto anárquica y desordenada. Luego mi amor, mi pasión por el baile y las ganas de aprender me lleva a ver cuantas actuaciones, películas, reportajes…estuvieran al alcance de mi mano; de esta forma descubro a la paradigmática Carmen Amaya .

   Su ritmo vertiginoso y electrizante, su callada y tenaz lucha por ir acrecentando y dignificando el baile, creando nuevos mundos sonoros con sus pies (manifestación por entonces vedada a las mujeres) introduciendo nuevos estilos y haciendo menos machista un arte que lo venía siendo demasiado desde los tiempos de las "pullae" gaditanas, la agigantaba ante mis ojos de febril adolescente.

   Por aquel tiempo no paraba de oír hablar de nuestro insigne maestro Vicente Escudero , cuando la situación económica me lo permitió hice un viaje, mejor una peregrinación para contemplar su arte. El verlo me produjo una especie de éxtasis, una emoción como nunca antes la había sentido, efectivamente estaba ante la fuente más pura, el manantial más caudaloso y cristalino que ha tenido el baile flamenco, ¿qué me emocionaba más?, ¿su verticalidad?, ¿la ausencia de todo artificio? No lo sé, sí sé que era algo diferente al resto.



 

       

       

 

   De uno y otro cogí los materiales con los que voy fabricando mi baile, un baile que se me antoja y quiero intemporal, ajeno a toda moda deslumbrante y efímera, profundo, rico en matices y huérfano en frivolidades, un baile lleno de fantasías sonoras y autenticidad flamenca, los maestros que soñé así me lo exigen y sería grave ofensa por mi parte el defraudarlos; rigor y trabajo no faltan.

 

 





 









Desarrollado por Eiconet